Hablar de sexo y amor es muy complicado, muy controversial,
no por lo que pueda pensar la gente, sino por lo que piensa la pareja. Las mujeres
siempre quieren oír de los hombres la versión rosa del amor. No tengo nada en
contra de esta versión, lo cursi siempre gusta, aunque lo neguemos.
¿Qué se puede decir del amor, que
ya no se haya dicho?
No lo sé, el amor no se puede
describir. En mi manera de ver, el amor es como el mundo, cada uno tiene su
propia visión, con base de lo que ha vivido y a su vez todos tenemos el común
denominador que es: el fracaso y el
despecho o la tuza.
A mí, lo que más me gusta del
amor es el pre amor. Ese estado después de la conquista, donde uno sólo piensa
en la pareja, todas sus fantasías son con ella. Se vive de caricias, todo es
risa, besos caricias, todo lo de ella nos gusta, todo lo de nosotros le gusta a
ella, el mundo se nos olvida. Ya cuando entra el amor, empiezan los problemas y
las complicaciones, el amor es un devenir, que termina en la costumbre y en la
hermandad.
El amor atiende a la parte
espiritual del ser, va en sus sentimientos y en sus emociones, en las quimeras
que ayudan y alimenta la vida. El amor nos diferencia, nos hace mejores
personas en su estado cumbre, antes de empezar la decadencia, que nos hace
personas distintas a las que amaron.
El sexo entra en el amor como una
necesidad, pero no es una muestra de amor, ni una obligación de demostrar amor.
El sexo obedece a la carne, al impulso, al instinto animal que pide
satisfacción, el sexo es un placer, una necesidad de sentirnos saciados. Pero el sexo no obedece al amor y
el amor no obedece al sexo.
Woody Allen dijo que: “El sexo
sólo es sucio si se hace bien”. Y es
cierto, el sexo no obedece a sentimientos, lo cursi en el sexo no se ve bien,
no tiene lugar, allí no cabe. Para el sexo sólo se necesitan ganas y tener con
quien. El sexo no implica la necesidad de amar ni de trascender, el sexo sólo
es sexo y es mejor hacerlo como animal, que como humanista.
Uno cuando ve a Laura Acuña, no
planea tener una tertulia literaria con ella, ni mucho menos hablar de
política, ni de Smith o keynes, uno sólo desea saciar un deseo, el deseo carnal
que producen las mujeres, que producen los hombres.
El sexo se identifica con una
buena comida, un buen cigarrillo, un buen trago, una energía motivadora, un
éxtasis inmediato, no contiene mayor ciencia, lo que se pueda decir del sexo no
son más que palabras. Lo único que se podría decir del sexo es el bien que nos
hace o dar ideas nuevas, como las del kamasutra.
Con el amor creemos que tenemos
derecho de propiedad con el ser amado y sobre este tenemos que ser la persona
más importante en su vida. El amor no hace ser buenos con alguien, el sexo nos
hace ser malos con alguien.
El sexo no implica la necesidad
de tener una relación, el sexo no implica amar, no implica gusta, si desear y a
su vez el sexo con otra persona distinta a la pareja, no implica dejar de
querer. Si es una felonía a la confianza, pero no a los sentimientos.
El amor y el sexo son dos cosas
distintas que a veces se cruzan en el mismo camino, pero no dejarán de ser
independientes. El amor es trascender el ser. El sexo es devolverlo a la
tierra, a la carne.