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Memorias de un olvidado

El amor y el sexo

2009/07/20 | Por: JUAN SEBASTIAN LOPEZ SALAZAR

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RESUMEN

Uno cuando ve a Laura Acuña, no planea tener una tertulia literaria con ella, ni mucho menos hablar de política, ni de Smith o keynes, uno sólo desea saciar un deseo, el deseo carnal que producen las mujeres, que producen los hombres.

El amor y el sexo


Hablar de sexo  y amor es muy complicado, muy controversial, no por lo que pueda pensar la gente, sino por lo que piensa la pareja. Las mujeres siempre quieren oír de los hombres la versión rosa del amor. No tengo nada en contra de esta versión, lo cursi siempre gusta, aunque lo neguemos.

¿Qué se puede decir del amor, que ya no se haya dicho?

No lo sé, el amor no se puede describir. En mi manera de ver, el amor es como el mundo, cada uno tiene su propia visión, con base de lo que ha vivido y a su vez todos tenemos el común denominador  que es: el fracaso y el despecho o la tuza.

A mí, lo que más me gusta del amor es el pre amor. Ese estado después de la conquista, donde uno sólo piensa en la pareja, todas sus fantasías son con ella. Se vive de caricias, todo es risa, besos caricias, todo lo de ella nos gusta, todo lo de nosotros le gusta a ella, el mundo se nos olvida. Ya cuando entra el amor, empiezan los problemas y las complicaciones, el amor es un devenir, que termina en la costumbre y en la hermandad.

El amor atiende a la parte espiritual del ser, va en sus sentimientos y en sus emociones, en las quimeras que ayudan y alimenta la vida. El amor nos diferencia, nos hace mejores personas en su estado cumbre, antes de empezar la decadencia, que nos hace personas distintas a las que amaron.

El sexo entra en el amor como una necesidad, pero no es una muestra de amor, ni una obligación de demostrar amor. El sexo obedece a la carne, al impulso, al instinto animal que pide satisfacción, el sexo es un placer, una necesidad de sentirnos  saciados. Pero el sexo no obedece al amor y el amor no obedece al sexo.

Woody Allen dijo que: “El sexo sólo es sucio si se hace bien”.  Y es cierto, el sexo no obedece a sentimientos, lo cursi en el sexo no se ve bien, no tiene lugar, allí no cabe. Para el sexo sólo se necesitan ganas y tener con quien. El sexo no implica la necesidad de amar ni de trascender, el sexo sólo es sexo y es mejor hacerlo como animal, que como humanista.

Uno cuando ve a Laura Acuña, no planea tener una tertulia literaria con ella, ni mucho menos hablar de política, ni de Smith o keynes, uno sólo desea saciar un deseo, el deseo carnal que producen las mujeres, que producen los hombres.

El sexo se identifica con una buena comida, un buen cigarrillo, un buen trago, una energía motivadora, un éxtasis inmediato, no contiene mayor ciencia, lo que se pueda decir del sexo no son más que palabras. Lo único que se podría decir del sexo es el bien que nos hace o dar ideas nuevas, como las del kamasutra.

Con el amor creemos que tenemos derecho de propiedad con el ser amado y sobre este tenemos que ser la persona más importante en su vida. El amor no hace ser buenos con alguien, el sexo nos hace ser malos con alguien.

El sexo no implica la necesidad de tener una relación, el sexo no implica amar, no implica gusta, si desear y a su vez el sexo con otra persona distinta a la pareja, no implica dejar de querer. Si es una felonía a la confianza, pero no a los sentimientos.

El amor y el sexo son dos cosas distintas que a veces se cruzan en el mismo camino, pero no dejarán de ser independientes. El amor es trascender el ser. El sexo es devolverlo a la tierra, a la carne.



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