Leer primera parte
En ese momento Alejandra también se detuvo. Su falsa calentura quedo desenvainada ante la angustia de mi rostro. Se bajo de la cama y empezó a vestirse mientras me decía que me quedara tranquilo,que ella se cuidaba mucho y que era la primera vez que eso le sucedía.
¿A cuántos más le habría dicho lo mismo? .
Minutos después, mi cuerpo quedó tendido en la cama, desnudo y con mil pensamientos en la cabeza, pero sobretodo la imagen de mi novia.
Ya no podría hacer el amor con ella. Tendría que contarle todo porque si no, existía el riesgo de quedarme callado y algún día de nuevo la calentura me dominaría con ella, y sin necesidad de ser fetichista, podría contagiarla de algo que yo no sabía siquiera, si era VIH positivo.
Luego de vestirse, Alejandra me pidió el dinero y se fue. Con ella se iba mi fuerza, el honor y la dignidad. Y en mi habitación quedaba el olor a sexo y la degustación de una muerte anunciada que traía muchas preguntas y el miedo de darle la cara a mi novia.
Llegó latarde, hablé con la que ahora es mi ex novia, le conté todo con mucho dolor y también voy a obviar todo lo que sucedió aquel día.
Pero eso no es lo más difícil y triste de esta historia. Lo más amargo y oscuro, fue esperar seis meses para poder hacerme una prueba de VIH. Todos los días pensaba en ello. Además estaba empezando a crear los síntomas en mi cabeza.
Cuando me salía un fuego en la boca, me metía a internet a ver si eso era parte de la enfermedad. Las veces que me daba fiebre, creía que ya estaban empezando los síntomas y cualquier cosa que me hacía sentir anímicamente mal, mi mente aseguraba que ya era VIH positivo.
Aguanté seis meses mirándome a un espejo, asimilando que estaba solo y que por una calentura perdí todo. El amor, la tranquilidad, la confianza y la salud. Seis meses de incertidumbre amortiguada con el alcohol y una que otra droga muy costosa.
Hasta que por fin llegó el día. Podría hacerme la prueba de VIH. Pero de nuevo más incertidumbre, porque cuando me tomaron sangre, me dijeron que los resultados me lo daban en tres días.
Creo que esos tres días, han sido los más largos de mi vida. Recuerdo que no podía comer, y no podía dormir muy bien. No paraba de pensar y hacerme preguntas, ¿Qué iba hacer con mi vida? ¿Cómo me trataría la sociedad? ¿Cuántas oportunidades iba a perder? ¿Cuán discriminado me iba a sentir? ¿Quién me daría apoyo económico? En fin…
…Pasaron los tres días y llegó el viernes. Eran las nueve de la mañana, me acerqué a la ventanilla de resultados y una enfermera salió, vino directamente, y me entregó un sobre de carta con mi nombre escrito en lapicero azul.
Sin pensarlo dos veces, lo abrí, leí la hoja, pero todo seguía siendo un secreto para mí. Habían demasiados números y porcentajes que no entendía, y por ningún lado veía RESULTADO: Negativo.
Entonces me fui al consultorio de la doctora que me había atendido tres días atrás, pero tenía que esperar a que ella se desocupara de un paciente para saber cuáles eran mis resultados.
Pasaron 20 minutos, y por fin puede entrar.
No obstante, ella notó mi cara, y me expresó que le dejará ver los resultados pregunrandome.
-¿Por que estás asustado, es que no te haz cuidado?-
Lo que pasó acontinuación también lo voy a obviar. Tan sólo dos cosas puedo decir.
Una. Que haber engañado a la mujer que amé por varios años, sólo por una hora de lujuria, me dio una lección y una incertidumbre casi fatal, que duró seis largos meses, los cuales jamás olvidaré.
Y dos. Que ahora, aunque no lo crean, no soy capaz de ponerle los cachos a una novia, ni pagar por sexo, porque hoy, con veinti tantos años, puedo decir que la vida medio una segunda oportunidad que no puedo desperdiciar, pues la doctora medijo. Negativo.