Solitariopero bien arreglado. Abel cada vez queentra al centro comercial, está así. Hoy no es la excepción.
Pidióuna a hamburguesas con papas fritas y dos gaseosas. Y se sentó allá en eltercer piso, frente a un barandal. Creo que lo hace porque desde ahí puede ver mejor y estar mástranquilo para comerse las papás lentamente, antes de la hamburguesa.
Abel, hoy se ha engominado el cabello, se lo peinó haciaatrás, se puso con una camisa manga larga a cuadros y unos jeans oscuros.
-Por lomenos hoy se ve diferente, aunque siempre come lo mismo, se viste igual y nunca habla.-
Y quédecir de Lucas, ahí, solo, adelante de la mesa de Eugenia.
Eugeniaes muy sexy, y verla disfrutar de su helado de dulce de leche mirando a ningunaparte, mientras Catalina, la chica del aseo, pasa por su lado con esa cara deaburrimiento por el trabajo que hace, meexcita un poco.
Aquínunca pasa nada interesante. Tengo queverle la cara a Catalina, que me desmotiva más, ver la noticas de ese televisorviejo que ni sonido tiene. Observar a la gente haciendo fila para poder comer. Y bueno, menos mal está Jimena…
-Jimena es la encargada y me encanta.-
Ayer soñé con ella. Sentí su cabello rubio en mi pecho mientras me chupaba la polla. Quesueño dios mío. Pero está ahí con Rodrigo, el chico que ellaama locamente, por eso no puedo decirle lo que soñé. Además porque de seguro medeja de hablar, como todas esas chicas quecuando uno les dice la verdad de todo, piensan que uno está loco o se está alejadode ellas. Y si le quedan ganas , seguro de pasada me despide.
Tampocopuedo decirle que Rodrigo, el chico con el que esta tomandose el late de ariquipeque tanto le gusta, ama otras cosas más que a ella y que le está acabando lanariz y el alma.
Rodrigohace un tiempo está en el negocio de lasdrogas y las mentiras. Parece extraño, pero en ambos negocios le va muy bien. Tanto así, que está ahí,sentado frente a Jimena sonriendo y hablándole del supuesto trabajo que tienecomo asesor de imagen.
Me dicuenta que Rodrigo negocia y consumecocaína, porque el martes que fui acomprarle marihuana a mi dieler, lovi hablando con “Rey Arturo”.
Ledicen “Rey Arturo”, porque es el rey de la zona roja en Buenos Aires. Ahí sepuede negociar cualquier cosa con olor, sabor, sensación textura y viaje.
Vi a Rodrigo con “Rey Arturo”, esa nochepasándole un paquete de cocina que bajo de su carro.
Meacuerdo que le pregunté a Matías (el dieler, que si conocía al tipo que estabacon el “rey”
Me respondió:
- Porqué, ¿lo conoces?-
-Sí- ledije.
-¡Ja! Ese tipo le dicen “El Ninja”.
- ¿Elninja?- Pregunté.
- Sí,porque siempre viene, habla con “ReyArturo”, le da ese mismo paquete demerca que acabas de ver, tira una bombade humo y se desaparece.-
Pendejo.Me acuerdo bien que eso le dije a Matías.
Así quedesde el martes sé que Rodrigo, a quién le dicen “El Ninja”, quien es el noviode Jimena, la encargada que me gusta, vende y negocia con el “Rey Arturo”. Pero no puedo decirle nada porque es loúnico interesante que sucede acá, y que me motiva por estos días a venir a trabajar.
Además,ver a Rodrigo, es analizar esas cosasque la gente hace inconscientemente yque hacen tanto daño. Pobrecita Jimena, no quisiera estar en su lugar cuando sedé cuenta de todo esa mentira que guarda su amado Rodrigo, digo “El Ninja”.