Hasta esas tarde, tenía bastante material psicológico, medico, histórico, sobre el travestismo pero me hacía falta un testimonio real. Necesitaba las respuestas de muchas preguntasque quería tener para lograr un buen trabajo y no conocía, ni sabía de algún travesti que pudiera ayudarme como fuente. Y con tanto tiempo de sobra, me desesperaba no saber a quién recurrir. Pero como una luz en medio de la oscuridad, un diario, desde por la mañana, seguía en mi escritorio, entonces recordé que en los clasificados del periódico El Tiempo, en la sección Adultos, podría haber anuncios de travestis que ofrecían servicios sexuales de cualquier tipo y que alguno (a), tal vez, podría servirme como fuente del especial periodístico.
Así que abrí el diario, busqué los clasificados sexuales de travestis y empecé a llamar anuncio por anuncio diciendo “Hola soy periodista. Aquí en la redacción estamos buscando una persona como tú, que tal vez nos pueda ayudar con una entrevista, para un trabajo investigativo que estamos realizando…” A la tercera llamada, la vozde una mujer medio gruesa, quien dijo llamarse a Angy, me respondió diciendo que aceptaba, pero que me cobraba por la entrevista.
Empecé a imaginar que odas me iban a cobrar y que a pesar de mi esfuerzo por encontrar una fuente indicada y que Lola, Paula, Andrea y Susan, no me creyeran y dijeran que lo que decía era pura mierda y que seguro era uno de esos viejos verdes mentirosos, arrechos, Gina apareció. Recuerdo que su voz, que ya dejaba de sergruesa, me respondió que aceptaba la entrevista, que no había ningún problema, pero que sólo podía darme el testimonio aquella tarde lluviosa, y que sí me iba de inmediato a su departamento, podríamos hablar un buen rato.
Me quedé un poco sorprendido cuando colgué, pero no le di tiempo de reacción a mi asombro y pudor, pues no podía arrepentirme de haber dicho que sí, que ya iba para su departamento. Así que tomé mi morral, llamé a un taxi y le dije a mi jefe que iba a hacer una entrevista y que ya no volvía más hasta el otro día.
El encuentro con ella ¿o él?
Cuando iba en el taxi, hacía el departamento de Gina, aunque sabía que era una entrevista lo que iba a hacer, la curiosidad de conocerla en su casa, a solas, sabiendo que era un travesti, no voy a negarlo, me causaba un poco de excitación. Pero mi mente,educada en ese oscurantismo familiar religioso, me decía que eso no era posible, y que Dios me iba a castigar si terminaba cogiendo con Gina.
No obstante, cuando llegué a su departamento, la llamé al celular,para decirle que estaba frente al departamento bajándome del taxi, pues ella me había dicho que la llamara para que me abriera personalmente.
Estando de pie frente al portón, esperando a que me abriera, podía escuchar un taconeo que se acercaba. De repente, sonaron los postigos de la puerta devolviéndose y lentamente la abrió sin dejarse ver y me dijo, ¡Sigue!
Entré lentamente caminando por un pasillo de baldosas claras y paredes que en algún momento fueron blancas. Gina cerró la puerta, y me sorprendí al dar vuelta y ver una mujer rubia, con senos grandes, alta, delgada, ojos claros, cabello hasta la cintura.
Sin embargo, a pesar de mi impresión y mi curiosidad, guardé las distancias. Me presente de beso en la mejilla y me dijo que entrara por la primera puerta a la derecha que ese era su departamento.
Ya adentro, noté en donde vivía.
Era una habitación sin ventilación,fría y húmeda, a la que le adaptaron una pequeña cocina y un baño. Además, Gina la había adornado con un closet , un TV de plasma, un reproductor DVD con unas cuantas películas porno de travestis, esparcidas encima de él, y una cama grande doble, vestida con un cubre lecho de conejitos Play Boy. Sin embargo, le faltaba un asiento para ofrecerme, a lo que respondió diciéndome que me sentara en la cama, y luego me ofreció algo de beber.
Mientras ella iba a la cocina por él vaso de agua que le pedí, la miré más detalladamente y me pareció muy raro que estuviera con una sudadera y un buzo gris, unos tacones y medias negras, entonces le pregunté que por qué estaba así vestida. Yriéndose me respondió:
-No te voy a recibir como a mis clientes, ¿no? -
Y era cierto. -Aunque no niego que cuando me bajé del taxi y estaba frente a su puerta, me sentí como un cliente de esos que quieren experimentar algo sexual-.
De todas maneras, me senté en un borde de su cama, tomé un trago de agua, ella se metió debajo de las cobijas, y cuando se acomodó, empezamos a hablar.
Continuará...