Leer primera parte
Eltaita también nos dijo que, unas horas después de tomar el brebaje, si sentíamos ganas de vomitar o de defecar, no lo retuviéramos, ya que esa manifestación corporal representaba lo negativo, los vacios y las preguntas que se estaban extinguiendo en nuestra alma, y que en caso de vomitar, lo hiciéramos mirando al fuego, en la bolsa que nos habían dado, así el fuego le daría fin a eso que nos hacía sentir mal. A lo que acotó también, “en caso de tener ganas de ir al baño, no esperen para ir, porque cuando se manifiesta por esa vía, no da tiempo de espera, y se sale por sí solo”.
Así qué todo empezó cuando el Taita apagó las luces de la choza, y dejó que sólo el fuego central, que según él, estaba alineado con algunas estrellas, alumbrara nuestro entorno.
Después,en una conchita de mar, puso un líquido hecho con alcohol y tabaco que nos hizo aspirar, con el fin de abrir las fosas nasales. Eso, dizque para percibir mejor los olores y “para tener una mejor visión de lo que van a ver y sentir”.
Siguiendo los pasos del rito, prendió un tabaco natural dulce, que luego de fumarlo, empezó a pasarlo a uno por uno, y todos debíamos aspirar y expulsar el humo hacía el fuego, luego explicarle a los ancestros que están en el más allá el por qué estábamos ahí. Y además teníamos que pedirles permiso para probar esa planta sagrada.
Luego de ese comienzo, el taita empezó a tocar unas maracas, sacó el brebaje de sumochila de cuero café, que curiosamente estaba en una botella de dos litros de Coca-Cola, lo sirvió en un vaso y se lo bebió.
Después de eso, empezóa cantar algo que yo no entendía, mientras los demás continuábamos sentados, observándolo con mucho respeto.
Prontamente, el taita se puso de pie y empezó a dar el brebaje en el mismo vaso a uno por uno preguntándole si era la primera vez que lo probaba. Aquel que respondía que sí,le daba menos de lo normal.
Cuando él llegó a mí, se puso de frente, me miro a los ojos, dijo unas palabras en un idioma que no entendí, me preguntó si era la primera vez, a lo querespondí que sí. Sirvió en el vaso un poco del brebaje marrón espeso, me lo entregó en las manos, y antes de metérmelo en la boca, mire el fuego y le pedí a los ancestros que me protegieran en el viaje astral y lo bebí.
Debo decir que la ayahuasca tiene un sabor a guayaba con sábila. Al principio muy dulce y luego muy amargo. Y que pasé casi una hora con esa sensación amarga en mi boca. Además no sentía nada y me estaba arrepintiendo de haber pagado una pequeña cantidad en dólares, por algo que hasta ese momento, no me hacía efecto.
Pero no fue sino pensar eso, para que de inmediato se me activara algo en mi cabeza.
Lo que recuerdo es que estaba sentado, con las piernas cruzadas, mirando el fuego, y de un momento a otro se oscurecieron los laterales visuales y sólo podía enfocar el centro donde estaba el fuego.
Sólo podía ver la llama, y seguir la forma del fuego con la mirada - como sifuera un baile de caderas lento y sensual-.
Así duré un tiempo, hasta que todo se puso negro y me desdoblé. Pude verme sentado en un puerto de barcos en donde mi papá y mi hermanita me decían que no me fuera, que me quedara, a lo que respondía que no, que ya era hora de irme y que estaría muy bien.
Luego abordé el barco, mientras ellos dos se quedaban abrazados, derramando unas lágrimas rojas gigantes.
Me dolía ver esa imagen, pero muy en el fondo estaba tranquilo.
Sin embargo, un dolor mas venía del estomago y era tan fuerte, que me sacó de lo que estaba viendo y volví en sí con muchas nauseas.
Todo me daba vueltas. La poca luz y el olor en la choza no ayudaban a tranquilizar mi estomago. No pude aguantar y vomité entre sonidos, luces, visiones, sexo, drogas, velocidad, dolor, lágrimas, ardor y muerte.
Después de trasbocar, el humo dulce del tabaco entraba hasta mi sangre. Y en ese trance de realidad y alucinación, de sonidos que entraban por mis poros;de colores que alumbraban mi cuerpo, también podía escuchar y sentir a los otros vomitando, tosiendo, llorando, gritando, o simplemente en silencio. Podía observar al taita cantando, moviendo las maracas y bandeando unas ramas con plumas.
Todo sucedía a mucha velocidad, y el espacio - tiempo se había separado. Me sentía como en el país de las maravillas. Me mecía para atrás, adelante y a los lados; me agarraba el estomago apretándolo. Pero luego me volví a quedar quieto, sentado, tranquilo y sentí como si le bajaran el volumen a todo, y me halaran de nuevo al barco.
Continuará...