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CONFESIÓN

La vez que me drogué con Ayahusca -última parte-

2010/05/16 | Por: BIZARRO MESA

Visitas: 168
Comentarios: 1

RESUMEN

No obstante, en medio de la confusión, recordé las palabras del Taita “en caso de tener ganas de ir al baño, no lo retengan…” Así que, aunque viendo colores, escuchando sonidos de gente llorar, otras reír; ver gordos y flacos que se sentían en Sodoma y Gomorra, puede pararme tranquilo y enfocar el baño que estaba afuera de la choza.

La vez que me drogué con Ayahusca -última parte-

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Ahí observé que navegaba por un río deestrellas pequeñas que iluminaban el río y creaban una luz que me enceguecían. Pero era tan hermosa esa luminiscencia, que a pesar del resplandor, sonreía tranquilo,mientras intentaba tocarlas. Pero ahí, de la nada, apareció Karen: corrió hacia mí, se lanzó dándome un abrazo y sentí que me envolvía y me protegía.

Ahí nos abrazamos mucho. Sentí su olor, su cabello, su piel y pude verla reír mucho. Creo que ese abrazo duro unas horas porque, mientras la abracé veía colores, sonreíamos mucho, saltábamos y sentía que un par de alas revoloteaban desde mi espalda.

Pero los ancestros y la naturaleza son tan sabios y descontaminante.  De nuevo mi entorno se puso negro y el estomago me empezó a doler mucho. Fue entonces cuando puede abrir los ojos, volver a la realidad. Sentía muchas ganas de ir al baño.  No obstante, en medio de la confusión,  recordé las palabras del Taita “en caso de tener ganas de ir al baño, no lo retengan…”  Así que, aunque viendo colores, escuchando sonidos  de gente llorar, otras reír; ver gordos y flacos que se sentían en Sodoma y Gomorra, me puse de pie un tanto tranquilo y enfoqué el baño que estaba afuera de la choza. 

Ya sentado en el inodoro, lo que salía desde mis adentros, caía al sanitario, mientras sentía que unas piedras lisas salían de mí y luego pequeños cuchillos cortaban mi estomago y esfínter a la mitad.

Me apretaba la barriga y los retorcijones me atormentaban.

Cuando toda esa sensación se detuvo. Estaba muy mareado, desorientado. Me limpie, me subí el pantalón y  volví a la cabaña .

Aún podía sentir ese olor dulce del tabaco que ya era demasiado empalagoso. Me senté  de nuevo y de inmediato las luces se apagaron y todo se puso negro.

Pude caminar por esa oscuridad que podía palpar y que sentía densa. Las paredes que tocaba, eran cortinas oscuras que podía ir corriendo hacia los lados. Continuaba caminado por esa penumbra, hasta el momento que corrí el telón con mi mano derecha  y apareció una luz blanca que me encegueció, obligándome de inmediato a cubrirme los ojos con mis manos, hasta que se fue desvaneciendo esa intensidad, dándole vida a la silueta de mi papá, mi hermanita y Karen…

Ellos estaban en un gigantesco campo verde. El cielo estaba azul y el sol brillaba al máximo. Caminé hacia ellos, sintiendo mucha tranquilidad  y disfrutando de la frescura del viento, que cada vez que se estrellaba con mi piel, podía escuchar el sonido del mar…

Luego los abracé y la luz volvió para cubrirnos. Era como el final de una película. Una luz blanca que cubre toda la pantalla y el sonido del mar sonando de fondo. Así permanecí durante unas largas horas. Hasta que pude abrir los ojos, cayendo en la cuenta, que me había quedado dormido en medio de “El Viaje”.

Cuando me desperté, no me sentí mareado, ni desorientado, al contrario, me sentía con mucha fuerza. Una alegría recorría mi corazón.

Me acomodé, mire a mí alrededor. No estaba el Taita. Las demás personas seguían durmiendo. Me puse de pie. Salí de la cabaña caminando lento,  ya era de día.

Era una mañana fría, tranquila, y una sensación extraña me recorría por dentro. Era como si de mi piel saliera energía. Me sentía muy feliz, alegre, pero sobretodo, estaba disfrutando el silencio de ese momento.

Al salir de la cabaña, caminé  entre árboles, ramas y hojas secas en el suelo, hasta llegar a la entrada. Luego recorrí el mismo sendero  por el que había llegado

Paso tras paso, pensaba que todo lo que había sucedido, o estaba sucediendo, era extrañó. Había un silencio que nunca había sentido pero que después de haber probado la ayahuasca podía observar que lo disfrutaba. Disfrutaba que los ancestros me permitirán sentir eso.

La verdad, no sé si todo lo que vi y sentí fueron respuestas a muchas preguntas que llevaba. No sé si por probar ese brebaje, ahora me siento con menos peso encima, estoy más tranquilo -Ahora sonrió más-. Además ha nacido una pasión por la música y las letras, que antes no tenía. Ha germinado una semilla de amistad, compañerismo y perdón. Y algo que durante mucho tiempo se me perdió. Volver a creer en mí.

Ya han pasado ocho meses desde que probé la Ayahuasca. He seguido experimentando muchas cosas, pero ahora he podido comprender, que cuando mi corazón se vuelve duro en la ciudad, debo recurrir a la naturaleza para volverlo blando, y que cuando mi corazón está demasiado natural, debo volver a la ciudad.

Ahora estoy en Buenos Aires, dispuesto a probar otro viaje….


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LILI escribió
el 27/05/2010 a las 16:28:22
Me invitas ? ....
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