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CONFESIÓN

La vez que me drogué con Ayahusca

2010/04/19 | Por: BIZARRO MESA

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RESUMEN

Siempre le había tenido miedo a las drogas, y aún más, a aquellas que lo hacen alucinar a uno. Esas que lo ponen a ver cosas diferentes del estado de realidad. Las que te sacan del contexto racional en el que estás y sobre todo, esas que puedenllegar a rayarte el coco luego de un viaje psicodélico.

La vez que me drogué con Ayahusca

Siempre le había tenido miedo a las drogas, y aún más, a aquellas que lo hacen alucinar a uno. Esas que lo ponen a ver cosas diferentes del estado de realidad. Las que te sacan del contexto  racional en el que estás y sobre todo, esas  que pueden llegar a rayarte el coco luego de un viaje psicodélico.

Sin embargo, nunca imaginé que sería capaz de probar alguna, y lo más extraño es que mi primera vez no fue con un químico como el Éxtasis, un LCD o el Key Hole, en cambio, fue con  una droga psicoactiva natural, a la  que le llaman Ayahuasca.

La ayahuasca, para los que no lo saben, es un alucinógeno natural donde su principal fármaco es extraído de una liana a la que llaman Banisteriopsis caapi, el cual, al ser fusionada con otras plantas, logra un nivel psicoactivo que se busca como ayuda a una curación espiritual o una revelación personal, y que tiene un origen milenario entre culturas colombianas, peruanas, ecuatorianas, bolivianas ybrasileras.

No quiero recomendar ese psicoactivocomo una forma de encontrase consigo mismo. Pero  quiero contar qué me pasaba antes y lo qué mesucedió luego de probarlo.

Un día, luego de estar viviendo dos meses en Montañita Ecuador -Un pueblo que es conocido por surfers y por demasiados mochileros que están recorriendoel mundo-, conocí a Fernanda, una chica argentina de treinta dos años, casada con un español que se llama Lorenzo y con una Hija de nombre Rita.  

Con ella entablé una buena relación,tanto que pudimos compartir momentos de franqueza y conversaciones sobre cómo me sentía viviendo en una carpa en la playa, de qué se sentía surfear, sobre la gente que conocía; de mujeres interesantes, de hecho, de una muy buena amiga que está ahora en Chile. Pero también sobre esa búsqueda espiritual y racional,en la que yo andaba.

Una noche, Fernanda me invito a su casa a comer, y  mientras estaba la cena, armamos un porro, nos lo fumamos y empezamos a hablar de muchas cosas de mi viaje, entre ellas, que estaba viviendo un vacio, una melancolía, una ansiedad y una tristeza que no le encontraba salida.

Y en un instante de mucho tetrahidrocanabinol, Fernanda me dijo que si había asistido a una ceremoniacon ayahuasca, a lo que respondí que no, porque no sabía qué era eso.

Ella continuó la conversación, explicándome qué  era y además me contó que también había sentido aquello que yo estaba sintiendo en ese momento, y que asistir a una ceremonia de ayahuasca, ahí en  Montañita, le había ayudado mucho para encontrarse consigo misma y para poder estar más tranquila.

Esa noche, salí de su casa pensando en  esa conversación y en la propuesta que me había hecho. La frase “has asistido a una ceremonia deayahuasca” me martilló la cabeza, tanto que al otro día que me encontré con Fernanda, le dije que me gustaría probar la ayahuasca,y que aunque tenía miedo, quería hacer “El Viaje” -como ella decía-.

Recuerdo que me dijo que fuera al hostal Rosa Mística, y que ahí preguntara cuándo harían una ceremonia.

Me fui caminando hasta aquel hostal, y no tengo presente el nombre de la chica que me dio la información, pero está muy viva la respuesta que me dio. “El martes a las nueve de la noche va a haber una ceremonia con ayahuasca”. Así que acepté ir.

Mientras tanto, ocho días antes, me empecé apreparar psicológicamente, (y digo psicológicamente porque de verdad teníamucho miedo, pues estaba consciente que alucinar con una droga, me atormentaba).

No obstante, Fernanda siempre estuvo al lado mío diciéndome que no me preocupara, que estuviera tranquilo, que eso me ayudaría a encontrar respuestas, y sobretodo más tranquilidad.

Karen, una persona que amo en mi vida, poco estuvo de acuerdo que lo hiciera. Y otros amigos estaban esperando ansiosos que les contara mi experiencia.

Y así llegó el martes. Nueve de la noche. Salí de trabajar de Tikilimbo y me fui hacia el sitio, siguiendo las indicaciones que me habían dado en aquel hostal místico, sobre el lugar de la ceremonia.

Recuerdo que caminé  mucho hasta llegar a un sendero iluminado por una luna gigante. Luego a unos 500 metros vi una entrada alumbrada con una antorcha. Y según el papelito que llevaba en la mano, ahí era.

Cuando llegué, entré. Estaba muy oscuro, lleno de arboles, y el sonido del mar llegaba hasta este lugar tenebroso, que desde donde estaba, se podía ver que a lo lejos había un fuego encendido.

Camine directo a esa luz, y mientras me acercaba, iba viendo la forma de una choza, en donde había unas veinte personas que estaban sentadas en colchonetas.

Ya en la choza, todos estaban en círculo, y en el centro ardía un fuego. No obstante, en una silla, en la mitad del círculo humano yacía Diego, aquel Taita ecuatoriano, de piel blanca y ojos claros, quien, explicando todo el proceso del ritual, me dio la bienvenida, y más tranquilidad para arriesgarme a esa experiencia inolvidable.

Continuará...


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