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Desde hace unos días viene circulando en Internet, principalmente en los estados de Facebook de ciertas mujeres “capciosas”, una especie nefasta según la cual "los hombres inteligentes son más propensos a valorar la exclusividad sexual". La aseveración la hizo el psicólogo evolucionista Satoshi Kanazawa, luego de analizar largas muestras obtenidas del Estudio Nacional Longitudinal de Comportamiento Adolescente y la Encuesta Social General de los Estados Unidos.
Sintiéndome acaso atropellado en mis convicciones más profundas, me di a la tarea de escudriñar los pormenores del estudio llevado a cabo por el doctor Kanazawa y, sin sorpresa, encontré un matiz que es menester subrayar: la información que sirvió de base para arribar a la conclusión ya conocida fue suministrada por los propios hombres. Es decir, fueron los encuestados con más alto coeficiente intelectual (IQ) quienes se identificaron a sí mismos como “fieles”.
Pese a carecer de un Ph.D en psicología –o tal vez gracias a ello- a mí no me resulta muy difícil suponer que los autodenominados “fieles” mintieron. ¡Por algo no son bobos! Solo los brutos congénitos, los torpes declarados y los imbéciles sin remedio, seríamos capaces de confesar, aun en un estudio nacional o encuesta social presuntamente confidenciales, que hemos sido infieles. Y, claro, mientras más reciente la infidelidad reconocida, más bajo el IQ del confeso.
(Yo, por ejemplo, me consuelo pensando que el último “desliz” que, bajo tortura, mi novia logró que le contara, lo cometí hace 8 años, cuando ni siquiera nos conocíamos. Un amigo, por su parte, me ha dicho que esperará las bodas de oro para revelarle a su prometida los detalles de la despedida de soltero que le organicé la semana pasada.)
Que las mujeres, entonces, no se engañen ni los hombres se asusten. La inteligencia no propicia la fidelidad sino la impunidad. Bienaventurados los inteligentes porque sólo ellos sabrán los cachos que le han puesto a sus parejas.
Juan José Vargas C.
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